Invento un juego, lógicamente soy el ganador.
El premio consiste en elegir una fotografía
y poder viajar hasta esa fracción de segundo.
Llegado a ese Click,
se conceden tres minutos de presencia antes y tres después.
Lo que allí acontezca desaparecerá, mejor dicho nunca habrá sucedido.
No puedo con la elección, entonces dejo de pensar y digo:
"esta" foto de David Seymour durante la guerra civil española.
Coincide que estoy escuchando el extracto de una conferencia de Joan Fontcuberta,
en ella habla de uno de sus trabajos titulado: Blow-Up, Blow-Up.
Paseando por París, el fotógrafo Sergio Larrain, realiza una fotografía.
Al positivarla observa algo que le llama la atención; la ampliación
muestra algo que puede ser una pareja haciendo el amor debajo de un puente.
Sorprendido por el hallazgo, comenta la experiencia con su amigo
el escritor Julio Cortázar.
De esa conversación surge un cuento: "Las babas del diablo".
El director de cine Michelangelo Antonioni lo lee, y de ahí surge una película:
Blow- Up (puede traducirse como ampliar).
Un día, Thomas, el fotógrafo protagonista de la historia,
paseando por el parque capta de
manera furtiva la imagen de una pareja que podría
dar la sensación de querer mantener oculta su relación.
La fotografía no tiene nada de especial,
pero hay algo en esa imagen anodina que le inquieta,
intuye algo oculto, algo que se esconde al flujo
de una observación superficial.
Comienza en su laboratorio a ampliar y ampliar la fotografía hasta que de entre los
matorrales aparece algo parecido a una mano empuñando un arma,
en el suelo yace un cadáver.
La curiosidad le hace volver al parque, pero el cadáver ha desaparecido,
al volver a casa se encuentra con que alguien ha entrado y robado
los negativos. No hay ninguna prueba que demuestre lo que ha visto,
sólo, rastros en su mente.
Joan Fontcuberta, queda también seducido por la historia,
y a partir de uno de los negativos del film sigue ampliando y ampliando
a partir de donde Thomas se detiene,
de ahí el título Blow- Up, Blow-Up,
y lo hace hasta que consigue eliminar cualquier rastro de imagen,
cualquier muestra que demuestre que algo ha ocurrido.
Hasta llegar al grado cero de la imagen,
donde sólo queda la materialidad del soporte.
Ahí tomo el relevo. Y en esa materialidad trato de encontrar
una palabra.
Que la tensión con la que fue escrita permita ser leída,
pasando el dedo sobre el papel.
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| la palabra es: espero |
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| Sergio Larrain |